¿Crees que sabes lo que tu hijo hace con su teléfono inteligente o su tableta?

¿Crees que sabes lo que tu hijo hace con su teléfono inteligente o su tableta?


Ayrial Miller claramente está molesta. Su madre está sentada a su lado en el sofá de su departamento, revisando los contactos de la adolescente en las redes sociales.

-“¿Quién es esta persona?”, le pregunta Jennea Bivens, su madre.

-“Un amigo de un amigo”, responde Ayrial y aclara que no habado en mucho tiempo.

-“Bórralo”, dice la mamá.

La joven de 13 años voltea los ojos. “Odio esto, odio esto, odio esto”, exclama.

Sí. Bivens es una de “esas mamás” que entra al dormitorio de su hija sin que ésta lo sepa, aquella que revisa con rigurosidad el teléfono de la niña. Y no se avergüenza de ello.

Nadie debería, aclara un detective especializado en cibercrímenes ya retirado, quien conversó con ella y otros padres a principios de junio en la Escuela Básica Nathan Hale Elementary en Chicago.

Otros expertos en tecnología podrían no estar de acuerdo con esta afirmación, pero incluso ellos se preocupan de la secreta vida digital que pueden estar llevando los adolescentes y que podría acarrear las temidas consecuencias, incluyendo acoso y suicidios.

Recomendaciones de un experto para proteger a los adolescentes en redes sociales

Los jóvenes de la actualidad están conociendo a gente extraña, muchos de ellos adultos, en una gran variedad de aplicaciones que abarcan desde la aparentemente inofensiva Musical.ly (que deja a los usuarios compartir videos de sincronización de labios) hasta WhatsApp, y más recientemente Houseparty, un servicio de chat grupal en video. Los adolescentes están guardando fotos atrevidas en la bóveda de algunas aplicaciones y luego intercambiándolas como tarjetas de beisbol.

Algunos incluso tienen teléfonos clandestinos para evitar el monitoreo de sus padres o comparten las claves con amigos que pueden publicar en sus cuentas si a ellos les quitan el privilegio de usar el teléfono.

David Coffey, un papá y experto en tecnología de Cadillac, Michigan, dijo que se quedó perplejo cuando sus dos hijas le contaron algunas de las cosas que sus amigos hacen a escondidas, incluso en ese pequeño pueblo rural.

“Debo concederles que tienen creatividad pero es la tecnología la que lo permite”, asegura Coffey, jefe digital de IDShield, una empresa que ayuda a clientes defenderse del robo de identidad.

Es difícil decir cuántos jóvenes están traspasando los límites digitales de esta forma ya que justamente la meta es evitar ser descubiertos por los adultos. Las cuentas de redes sociales se activan y desactivan con facilidad. Las apps favoritas de los adolescentes también cambian de un día para otro.

Pero académicos, expertos como Wistocki y Coffey, e incluso muchos adolescentes, aseguran que es muy común que los niños tengan una vida digital que es prácticamente invisible para sus padres, para bien o para mal.

Distintos en la web

Los padres claramente no llevan la ventaja. Los niños, que son expuestos a tabletas y teléfonos desde muy temprano, son mucho más hábiles con la tecnología y fácilmente intercambian consejos con sus amigos. Los padres, por el contrario, quedan perplejos y son ingenuos sobre lo que los niños pueden hacer con dispositivos sofisticados, aclara Wistocki, quien ofrece conferencias para padres en todo el país.

Con frecuencia, sostiene un teléfono inteligente y le dice a padres que darle a sus hijos este “dispositivo omnioso” y permitirles tenerlo todo el tiempo, incluyendo el cargarlo en sus cuartos de noche, es como darles las llaves de un Mercedes Benz y decirles: “Amor, puedes ir a Vegas, Texas, Florida, Nueva York, a donde quieras ir”.

En otra conferencia, que dictó en la escuela Nathan Hale, Wistocki preguntó quiénes tenían cuentas de Instagram, Twitter, Snapchat y otras aplicaciones. La mayoría de los niños, muchos de los cuales eran menores de 13 años, levantaron la mano.

Después, una niña preocupada se le acercó al periodista con desesperación. “Por favooooor no uses mi foto o mi video donde aparezco levantando la mano”, suplicó pese a que le reiteraron que no estaba siendo grabada.

“No uses el mío tampoco”, insistió un amigo. A lo largo del día, los niños contaron que sus padres no sabían que tenían redes sociales o que tenían poca idea de lo que publicaban en sus cuentas.

Eso exaspera a la directora de la escuela, Dawn Iles Gómez, que se pasa el día resolviendo dramas que suscitan las redes sociales.

Y no siempre son los chicos más problemáticos los que terminan por este motivo en su oficina. Hay muchos que son muy distintos en su perfil digital, asegura.

“Es asombroso. El lenguaje y las amenazas y cosas crueles que dicen y diría que el 75% de las veces llamo a un padre y el padre dice: no… no puede haber hecho o dicho eso”, relata.

Este tipo de incidentes puede complicarse e involucrar a niños muy pequeños.

En enero, dos niñas de 12 años fueron arrestadas en Florida por un ciberacoso que terminó en el suicidio de su compañera Gabriella Green, quien fue víctima del bullying en muchas ocasiones.

Por otra parte, los jóvenes también están comprando drogas mediante las redes sociales o páginas web encriptadas. O como las hijas de Coffey le explicaron, pueden usar tarjetas de regalo prepagadas en Amazon o Ebay para adquirir el ‘contrabando’: maquillaje, accesorios para el vaping y lo manda a casa de un amigo.

Padres ingenuos

Las autoridades policiales aseguran que los jóvenes están enviándose fotos y videos eróticos, algo que prácticamente se ha convertido en un componente nuevo en el mundo de las citas entre adolescentes.

El año pasado en Naperville, el suburbio de Chicago donde Wistocki trabajó como detective durante muchos años, un joven de 16 años se suicidó luego de que la policía descubriera que se había grabado teniendo sexo con un compañero de clases y que luego ese video fue visto por el equipo de hockey de su escuela. Al revisar su teléfono, encontraron fotos de chicas desnudas en una app que aparentaba ser una simple calculadora.

Y aún así, Wistocki asegura que con frecuencia los padres creen que no será su caso o no será su hijo.

Para que los padres se animaran a asistir a la conferencia de Wistocki en Nathan Hale, la escuela ofreció incentivos como pases extra para la ceremonia de graduación. Sólo 70 padres asistieron aun cuando a ese centro educativo asisten más de 930 estudiantes.

Kathleen Kazuski, madre de dos niñas de 13 y 17 años de edad, estuvo entre ellas. “Como padres debemos despertar, sin lugar a dudas”.

Vino en parte porque descubrió que su hija había estado enviándose mensajes de texto con un chico al que no conocía, primero vía Snapchat y luego vía texto. Hasta que mamá le puso fin. “La asusté bastante”.

Bivens, mamá de Ayrial, también asistió. Usa una app llamada MMGuardian para controlar el uso del teléfono de su hija de 13 años de edad. Apaga el teléfono durante las horas escolares (aunque su hija igual puede llamarla) y a la hora de dormir. Suspende ciertas aplicaciones, a veces como castigo, y revisa los mensajes de texto.

Para revisar en detalle las redes sociales, debe usar el teléfono de su hija. Cuando eso no es posible, revisa lo que puede ver a través de otras cuentas que ella sabe que su hija tiene. Recientemente vio que una de sus hijas decía malas palabras en un post.

“Es un trabajo a tiempo completo. La gente se ríe de mí porque reviso las cosas de ella, pero no tengo los mismos problemas o que esa gente con eso”, exclama.

Una encuesta realizada por el Centro Pew en 2016 encontré que la mitad de los padres nunca ha revisado el teléfono de sus hijos o que siquiera eran amigos de sus hijos en redes sociales. Eran menos propensos incluso a tener herramientas para monitorear las aplicaciones que usan sus hijos.

Los usuarios de Android ahora tienen la opción de restricción parental, que incluye tiempo límite de uso de pantalla y bloqueo de aplicaciones, vía un servicio llamado Family Link, aunque está específicamente designado para menores de 13 años. Pronto un update el Iphone, que ya permite que se requiera la aprobación parental para la descarga de música y aplicaciones, dará a los padres mayor control sobre el tiempo de pantalla, uso de aplicaciones y navegación en la web.

También han proliferado las aplicaciones de monitoreo. Algunas dan a los padres más opciones para controlar y ver lo que sus hijos publican en servicios como Instagram o Snapchat, a cambio de una tarifa mensual. Estas tienden a ser más efectivas en teléfonos Android, asegura Wistocki que recomienda el uso de estas herramientas.

Revisa cuidadosamente el de sus hijos hasta que estos cumplan 18 años e insta a otros padres a hacer lo mismo.

Ganarse la confianza

Otros expertos en tecnología concuerdan en que el monitoreo es necesario para niños pequeños. Pero Pam Wisniewski, profesor de ciencias de computación de la Universidad Central de Florida, está entre quienes sugieren que gradualmente se reduzcan los controles a medida que el joven demuestre que su padre puede confiar en él.

“Estoy en el punto en el que casi siento que el mundo estaría mejor sin las redes sociales, pero también soy pragmático”, asegura Wisniewski quien estudia el comportamiento y la interacción de los adolescentes en la web.

Ella promueve el que los padres busquen darle lecciones importantes a sus hijos. Cuando contenido inapropiado aparezca en su feed, por ejemplo, sugiere que se discutan estrategias para lidiar con eso como esconder los posts de esa persona o bloquearla.

Sarita Schoenebeck, directora de Living Online Lab de la Universidad de Michigan, las investigaciones demuestran que mantener a los adolescentes alejados de las redes sociales solamente hace que lo hagan a escondidas.

“Ningún niño quiere ser retirado y no hacer esto. Intenta hablar del tema con la mente abierta”, explica.

Incluso Wistocki, aunque monitorea de forma estricta, recomienda a los padres ofrecer a los niños un “Ticket Dorado”-cero castigo- cuando vengan a contarles de los errores que han cometido en Internet o cuando necesiten ayuda relacionada con las redes sociales.

La mamá de Ayrial apoya eso, especialmente luego de haber aprendido que las herramientas que bloquean aplicaciones no son infalibles. Recientemente Ayrial hizo un livestreaming en Twitter y se encontró con un desconocido que le pidió que mostrara sus pies. Fue una petición “extraña” que la hizo desconectarse de inmediato. Desde entonces se ha alejado de las redes sociales. Y le contó a su mamá lo ocurrido.

Ayrial no está feliz de que su mamá esté revisando los contactos a su lado, pero aprecia que “se preocupe por mí”, aunque espera que “retroceda un poco” eventualmente.

“Cuando esté en secundaria pienso que puede ser vergonzoso. Uno debe aprender de sus propios errores”, dice.

Si mamá no le deja ese espacio, siempre encontrará algún truco para conectarse de forma secreta, como muchos de sus amigos. Y no… no va a contar cómo lo hará.



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